domingo, 16 de octubre de 2016

EL EGO DOCENTE

"... Yo sé quién soy - Respondió Don Quijote - Y sé que puedo ser..."



Cuando se habla de la palabra "ego" en público, las personas se asustan. Los que no salen corriendo se tapan la cara como si quisieran evitar el contacto visual a tan desvergonzada palabra. Y hay quienes la ignoran, no hay nada mejor que dejar de escuchar que seguir hablando sobre otro tema, ni siquiera esforzarse a encontrar el sinónimo.

Hablar de Ego Docente es pecado capital.







Tal vez no debería existir, pero existe.
Tal vez no debería ser mencionado, pero con estos asuntos de calidad aplicados a las instituciones educativas se resalta.
Tal vez no deberíamos recordar que nuestros baluartes de la sociedad son imperfectos, pero lo son.

En lo personal lo que más me  impresiona de este tema, es que podemos encontrar un libro que habla a profundidad del egocentrismo docente y cuesta 40 Euros . He encontrado el resumen del autor sobre el libro, y déjenme contarles a los que no han salido corriendo y todavía me siguen leyendo: "El ego docente si existe, pero no hay porque huirle porque no es un pecado capital"

La palabra EGO tiene una connotación de superioridad, de creerse más que los demás. Por otro lado, la palabra también se usa para mencionar la consciencia que se tiene de sí mismo. Esta segunda connotación viene del Psicoanálisis, propiamente de Freud.

En este resumen del libro del Ego Docente,  ejemplifican con comentarios de Nietszche el de superioridad y el de consciencia:

 F. Nietszche (1984): "Gracias a nuestro desprecio nos consideramos los elegidos de Dios" (p. 213); "nosotros, que somos los hombres más inteligentes de nuestra época [...]" (p. 213), o "Nosotros somos diferentes de los sabios, aunque entre otras cosas podamos ser sabios" (p. 215). 


El mismo F. Nietszche (1984) en otro lugar expresa: "Hay momentos en que me avergüenza ["mi ignorancia, que no se me oculta"]. Tal vez los filósofos estamos todos en una posición poco airosa respecto del saber humano; la ciencia crece y hasta los más sabios entre nosotros advierten que conocen muy pocas cosas" (p. 215)

No pretendo resumir el resumen del libro, ni entrar en calificativos  positivos o negativos. Mi objetivo es hacer pública mi reflexión sobre este terrorífica palabra con algunas experiencias que tuve en esta semana de receso escolar:

1ero. Los docentes son seres humanos en toda la virtud de la palabra. También se enferman, tienen preocupaciones y pueden ponerse serios porque no es un payaso de la sociedad. El rol de formador debería permitirle la continua construcción de sí mismo, aún si le es necesario decaer, lo necesita para levantarse.

2do. Un docente jamás reemplazará las enseñanzas que se dan en el hogar. Y con esto no pretendo decir que no influyan sus enseñanzas en la formación de una persona. Pero si el educando no le hacen falta los roles de sus padres en su formación, poco necesitará de el rol docente en la formación de su personalidad.

3ro. El preguntar o cuestionar del docente no es sinónimo de atacar. En las charlas que he asistido en otros ámbitos diferentes a colegio y universidad me han enseñado sobre los "mundos interpretativos". Mi modo de ver el mundo jamás será igual al otro. Podremos compartir ideales y experiencias, pero la forma como accedemos al conocimiento es diferente para cada uno. La comunicación jamás debe creerse demasiado clara y el cuestionado no debería estar predispuesto a defenderse cuando le hacen una pregunta. Un gran conferencista me contaba que le causa pánico el silencio de un auditorio, eso quería decir que el mensaje esperado no había llegado a ellos.

Con estas ideas en mente, se me hace más claro  entender a mis colegas cuando expresan como perdida de tiempo el  trabajo diferente al de planear y llenar informes.  Sin embargo, me reconforta encontrar autores que publican sobre este tema y se refieren a él como "el punto ciego".  No me cabe la duda que debo leer estos autores.

"Es absolutamente necesario que nos demos cuenta de los métodos por los cuales nuestros 'egos' limitan nuestro desarrollo" (Neill, 1975)